¿Os ha pasado alguna vez que habéis ido a un hotel por un viaje de trabajo o placer, y en la habitación solo tienen cable de internet pero la conexión WiFi está solo en recepción? Seguro que a muchos sí.
Yo, personalmente, me he encontrado en la situación de irme de vacaciones, tener acceso a internet en el portátil a través de cable ethernet, pero el iPad o el iPod Touch se quedan sin él y me obligan a usar la tarifa de datos móvil del iPhone.
Pero no es necesario porque Mac OS X Leopard y Snow Leopard, tienen la posibilidad de compartir la conexión a internet a través de WiFi. De esa forma, podemos crear una red inalámbrica en la que el Mac es el router, y da servicio de conexión a tantos dispositivos como queramos. iPad, iPod Touch o cualquier otro (yo lo uso también en mi Kindle WiFi).
¿Cómo se hace? Muy sencillo. Vamos a suponer que ya tenemos internet a través de cable en nuestro Mac y que podemos navegar con él sin problema. Esto implica que la conexión es Ethernet, es decir, con cable de red.
Nos vamos a Ajustes (la famosa rueda dentada) y buscamos en la sección “Internet y conexiones inalámbricas” la opción Compartir.
Entramos y veremos que pone el nombre del ordenador en la parte superior, a la izquierda un montón de opciones como: compartir CD o DVD, compartir pantalla, compartir archivos, etc. El penúltimo de todos es Compartir Internet.
Para configurarlo es imprescindible que esté desactivado y por lo tanto, al pulsar un solo click solo su nombre (no sobre la casilla de control que lo activa o desactiva) veremos a la derecha aparecer varias opciones. La primera es Compartir Internet: desactivado. Debajo una explicación y debajo una opción que dice “Compartir conexión desde”. En este desplegable debe estar seleccionado Ethernet.
En las opciones de “Con otros ordenadores vía”, elegimos AirPort que es el driver que controla el WiFi del equipo. Luego pulsamos en el botón “Opciones de AirPort” y aquí veremos un nuevo cuadro para configurar la clave de acceso a nuestro nueva red.
Le damos un nombre, como vemos en la parte superior. Dejamos canal en automático, elegimos una WEP de 128bits (mucho más segura que la opción de 40 que nos da por defecto), ponemos una clave y pulsamos en Aceptar. La clave ha de tener 13 caracteres de longitud para ser válida.
Volvemos en ese momento a la pantalla anterior, y ahora hacemos check sobre la casilla de Compartir Internet. Nos avisará que puede modificar la configuración de la red a la que se conecta (ni caso) y le damos a Iniciar. En ese momento, todas las opciones que acabamos de elegir se quedan en gris, sin posibilidad de modificarlas, y vemos que Compartir Internet está activado.
Ya podemos cerrar sin problema y veremos que el icono superior del sistema de AirPort, está en gris con una flecha que señala hacia arriba.
De esta forma, nuestro Mac hará las funciones de un router WiFi y podremos navegar tranquilamente con nuestros dispositivos como el iPad, o mientras nosotros trabajamos, que nuestra mujer pueda leer sus páginas a la vez cuando solo disponemos de una conexión por cable.
Espero que “el truco” os haya servido, y como siempre estoy a vuestra disposición para cualquier duda.
¡He criticado tanto a la tablet de Apple! No había gadget moderno que encontrase más inútil que aquellas diez pulgadas por las que todo el mundo suspiraba.
El éxito del dispositivo crecía por momentos. Fuese a donde fuese, iPads por doquier. Los que en un principio se declaraban detractores de aquel iPhone grande se convertían en comerciales la mar de entrenados. Hablaban día y noche de las bondades del aparato, de lo que había cambiado sus vidas…
La prensa (también generalista) comenzó a centrar sus agendas en el producto, priorizando aquellas noticias que aludiesen a su aplicación en cualquier ámbito: medicina, educación, hostelería… no faltaron tampoco los estudios de mercado, disruptores análisis sobre cómo Apple había conseguido revitalizar un segmento que se creyó muerto antes de nacer.
En fin, que el iPad se puso de moda y aquí un servidor no entiende de términos medios en cuanto a tendencias: o se siguen o se coniverte uno en acérrimo detractor.
-¿Para qué quiero un iPad? Para nada. -¿Qué le encuentra la gente?
Estaba por entonces escribiendo por estos lares cuando se presentó el iPad 2, que se suponía toda una revolución respecto a su predecesor (luego vimos que no tanto) y me dejé llevar por la emoción colectiva. Me dije que le daría una oportunidad, que Jobs había sabido convencerme y que en mi nuevo entorno laboral le daría más uso.
Allí estaba yo, dispuesto a comprarlo de salida (si es que quedaba alguna unidad). Tras sostenerlo unos instantes me asaltó nuevamente una fuerte oleada de escepticismo. Escuchar a un ilusionado comprador alegar que el iPad era el complemento perecto para el sofá terminó de echarme para atrás: iba a ser más feliz con mis 500 euros de vuelta a casa.
Ironías de la vida, varios meses después, en una Apple Store de Los Ángeles, ese arrebato consumista que siempre nos sobreviene en territorio extranjero me hizo adquirir el modelo WiFi de 16GB con el correspondiente Smart Cover (naranja, si queréis más señas). No creeréis lo que ocurrió.
Estoy por cumplir un mes con mi adquisición y de repente lo entiendo todo. Bueno, realmente no entiendo nada, no sabría explicar por qué, pero el caso es que ya no concibo mi día a día sin un iPad al lado. Sostener mi iPhone se ha convertido en pasatiempo de segunda, iOS en 3.5” deja mucho que desear una vez se han probado sus bondades en esa pantalla de 10 pulgadas.
Los juegos, que antes ni me atraían, ahora me atrapan durante horas, enfrascado como estoy en superar mis marcas de Infinity Blade o Rage.
Editar posts en cualquier lugar ya no es un suplicio, más bien un placer (bueno, no tanto, pero sí al menos mucho más cómodo). ¡Y qué decir de Flipboard! No puedo prescindir de esa genial aplicación que me ha devuelto la afición a devorar la actualidad al minuto, cuando en mi MacBook la tenía bastante dejada en según qué ámbitos no estrictamente profesionales.
No puedo hacer otra cosa que darle la razón a aquella desconocida del Fnac, la que dijo que el iPad es perfecto para el sofá o la cama. Porque tirarse a la bartola con la tablet bajo el brazo es el doble de placentero.
¿Me habré convertido en fanboy? ¿alguna de las razones que he dado son convincentes siquiera? No lo sé, pero con el iPad me ha ocurrido eso de que hasta que no lo pruebas, no lo sabes.
Es de común conocimiento que los iPad se están vendiendo muchísimo más que cualquiera del resto de tablets Android del mercado. Y no estamos hablando de problemas en la venta porque sea un producto malo contra uno bueno. Eso fue algo que ya superamos hace mucho. Es algo innegable que ambos productos (clasificando a todos los tablets Android HoneyComb en la misma categoría de producto) son muy buenos y satisfacen a un determinado sector de consumidor de productos tecnológicos.
Pero a mi parecer, los tablets Android cuentan con una serie de desvantajas que les impiden entrar de lleno en las ventas:
No tienen una distribución real y accesible al usuario, llegando en muchos casos a través de compañías telefónicas como si fuera un smartphone. Todo con el objeto de ahorrarse un poco el coste e intentar tener una puerta más accesible al usuario (craso error, a mi entender). Apple iPad es de Apple y se vende a precio cerrado en cualquier gran superficie o tienda especializada.
Debido a los bajos volúmenes de fabricación y altos costes de distribución (donde Apple fabrica más con menor coste, pues cada marca manufactura muchas menos unidades que la manzana mordida), en muchos casos el mismo tablet en Android es más caro que el iPad equivalente en prestaciones, siempre hablando de producto libre.
iOS es un sistema operativo que ya usan más de 120 millones de usuarios, y aquel que tiene un iPhone o un iPod Touch, ya sabe manejar un iPad. No es así en HoneyComb, pues su sistema difiere en exceso del Android para smartphones. Requiere un aprendizaje desde 0.
Apple lleva un año de ventaja en aplicaciones y desarrollos, y cuenta con el apoyo masivo de muchos desarrolladores que ven en él una plataforma rentable que ha repartido ya 2.500 millones de dólares en dividendos. Android todavía plantea dudas en cuanto a su rentabilidad con aplicaciones de pago, y el Android Market de HoneyComb crece a un ritmo muy lento.
El usuario ve en Apple un modelo, varias opciones de memoria o conectividad, pero un mismo modelo. En los tablets Android, hay más opciones de diferentes marcas, pero debido a la nueva política de Google para intentar impedir la fragmentación, el sistema es el mismo en todos. Da igual que compres Samsung, Motorora, Acer, Asus o cualquier otro: un tablet Android HoneyComb tiene exactamente el mismo sistema operativo. Por lo tanto, crea confusión en el usuario que la elección de marca sea algo subjetivo, pues no había verdaderas ventajas entre uno u otro modelo. En ese momento, peso, ergonomía, precio o confianza en la marca son los únicos argumentos para elegir uno u otro. Al final, Apple vende el mismo aspecto por dentro y por fuera, pero Android vende diferentes aspectos por fuera y el mismo por dentro. Eso causa confusión en un usuario no tecnólogo.
Y por último, aunque no menos importante, tenemos el aspecto del marketing. ¿Han tenido ustedes la curiosidad de comparar anuncios para TV o publicidad general de ambos modelos? Hay una diferencia muy importante: mientras los tablets Android venden hardware y nombres de software (el nuevo tablet tal con Android HoneyComb), Apple no menciona ni un solo dato de hardware ni software; Apple habla de experiencias y de usos.
A esta misma conclusión han llegado en tiPB.com donde han hecho una interesante comparación de los anuncios que hace Verizon para publicitar los tablets Android (compañía telefónica, insistimos en el error). Mientras Apple tiene frases comerciales como:
Cuando la tecnología no importa, todo se vuelve más agradable. Si pregunta a sus padres, lo llamarán intuitivo.
No hay más que echar un vistazo al último anuncio del iPad 2 que ya les anunciamos hace poco, y lean aquello que dice:
Ahora podemos ver un periódico, oír una revista, acomodarnos con una película y ver una llamada de teléfono. Podemos ir a clase en cualquier parte, tener una tienda libros entera y tocar las estrellas. Porque ahora, tenemos esto.
Ni se menciona el nombre del producto, se está vendiendo una experiencia, al alcance de cualquiera. Algo sencillo e intuitivo, la oportunidad de redefinir el hacer cosas que antes no podíamos hacer. Y lo más gracioso es que eso mismo podemos hacerlo también con un tablet Android, pero fíjense en lo que se vende en sus anuncios.
Estas son algunas de las píldoras que suelta el anuncio:
El primer tablet Android 3.0. Android 3.0 está diseñado para una potente multitarea. Tendría que convencer a mi mujer. Su mujer adorará el chipset nVidia Tegra 2, podrá hacer streaming de películas desde el Android Market y es actualizable para redes LTE 4G.
Apple vende experiencias y los argumentos para comprar la competencia es que es un tablet Android 3.0 preparado para multitarea, con el chipset Nvidia Tegra 2 ¡¡¡que le encantará a su esposa!!! y actualizable a redes LTE 4G. Si echamos un vistazo a la publicidad general de los tablets Android, toda se basa en esgrimir argumentos hardware que el potencial comprador ni entiende ni le importan, y que además hace que huya de ello pues no lo comprende.
Y encima, uno de los motivos publicitarios, es la disponibilidad de Angry Birds, que como todos saben nació en iOS: la imagen que transmiten es “vendemos algo donde también podrá hacer lo mismo que con el otro”. Mal, vendan sus propias experiencias que son muchas y muy buenas.
Siguiendo esa senda, siempre tendrán copado el mercado de los anti-Apple o anti-iOS, que quieren un dispositivo más cercano a un ordenador y más flexible en cuanto a determinados usos. Un sector de público eminentemente geek tecnológico de diferentes niveles, que está familiarizado con conceptos como los que venden, y que conseguirán un producto que les satisfará ampliamente. Pero ese sector sigue siendo muy pequeño, y la gente normal, la que no entiende de procesadores, sistemas operativos o chipsets, quieren un experiencia y una facilidad: quieren eso que vende Apple.
Por eso, mientras las cosas no cambien, 2011 será el año del iPad 2 (lo está siendo) y no el de la competencia. Muchos insisten en que en unos años los tablets Android serán la norma en el mercado. Yo lo dudo. En el mercado de los smartphones está claro porque Android ataca sectores de consumo a precios más competitivos y tiene una oferta más amplia ya que hay diferencias notables entre diferentes marcas.
Pero en tablets no es así. Por muchos tablets Android HoneyComb que haya, siempre serán iguales en sistema operativo e intentar vender un producto que no es un smartphone, a través del mercado de las compañías telefónicas, lo limita en cuanto a su salida. El concepto es simple: la gente normal, no se gasta más de 300€ en un móvil, porque intenta sacarlo a la compañía. La venta de terminales libres es muy limitada en ese sentido, y cuanto mejor es la oferta, mayor es su éxito. Pero en tablets la gente SÍ se gasta más de 500€ en uno, porque entiende que aquello que compra no es un teléfono, es algo más parecido a un ordenador. Y eso es lo que cuesta uno de estos. Es así de simple.
A mi parecer, el camino de Android HoneyComb (y por extensión del resto de competencia) no es el correcto. Ese mercado nunca despegará hasta que no se den cuenta que realmente un tablet no es smartphone grande y no se puede vender igual. Ni en Apple ni en Android ni en ningún otro.
Últimos comentarios